PALABRA DE DIOS 

SOLEMNIDAD DE LA

NATIVIDAD DEL SEÑOR



"Ha aparecido
la gracia de  Dios,  
que trae  la salvación  
para todos los hombres"

 

PRIMERA LECTURA
Is 9,1-3. 5-6

PRESENTACIÓN

El poema de Isaías, que tiene como contexto histórico el de la deportación de la población de Galilea por el rey asirio Tiglatfalasar en el s. VIII a.C. (2Re 15,29), hace referencia a esta población que ha sufrido la injusticia y la guerra (Is 8,23), pero que ahora encuentra motivos para alegrarse y para esperar.

La luz es imagen de la vida y de la salvación que viene de Dios (cf. Gn 1,3; Sal 104,1-2; Jn 8,12; un 1,5). Junto a la luz se describe una situación de júbilo: “Acreciste la alegría, aumentaste el gozo, se gozan en tu presencia (y. 2). El texto ofrece tres razones que explican tanta alegría (vv. 3-5): (a) Dios ha hecho desaparecer al tirano y al opresor; (b) no queda ya ningún residuo de guerra o de violencia; (c) un personaje misterioso aparece en el horizonte de la historia dando nuevas esperanzas (“un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”).

Isaías no habla precisamente del nacimiento de un niño, sino de la ascensión al trono de un nuevo rey (cf. Sal 2,6-8). El pueblo se goza, porque junto a las nuevas perspectivas de paz y de liberación, sube al trono un soberano que suscita grandes expectativas. Se alude probablemente a Ezequías, en quien el pueblo depositó muchas esperanzas. Este es el sentido de los títulos que se le dan: “Maravilla de consejero” (capaz de realizar los proyectos de Dios), “Dios fuerte” (dócil y abierto a Dios que lo ha adoptado como su hijo), “padre para siempre” (rey que como padre se preocupa por el bienestar de su pueblo), “príncipe de paz” (gobernante que utiliza su poder político para fomentar y conservar la paz). El profeta sabe que esto es soñar mucho y que sólo Dios podrá realizar semejante ideal. Por eso afirma al final del poema: “El celo del Señor de los ejércitos lo realizará”.  

SILVIO JOSÉ BAEZ         

 

ISAÍAS  9,2-7

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierras de sombras,
y una luz les brilló.

Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor,
el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.

Porque la bota que pisa con estrépito
y la túnica empapada de sangre
serán combustible,
pasto del fuego.

Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva al hombro el principado,
y es su nombre:

Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz.

Para dilatar el principado
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.

Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.

El celo del Señor lo realizará.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 95

PRESENTACIÓN

«Cantad al Señor un cántico nuevo».

A primera vista, éste es el mandamiento imposible. ¿Cómo cantar un cántico nuevo cuando todos los cantos, en todas las lenguas, te han cantado una y otra vez, Señor? Se han agotado los temas, se han probado todas las rimas, se han ensayado todos los tonos. La oración es esencialmente repetición, y tengo que esforzarme para que parezca que no estoy diciendo las mismas cosas todos los días, aunque sé muy bien que las estoy diciendo. Estoy condenado a intentar la variedad cuando sé que toda oración se reduce a la repetición de tu nombre y a la presentación de mis ruegos. Variaciones sobre un mismo tema. ¿Cómo puedes pedirme, en tales circunstancias, que te cante un cántico nuevo?

Sé la respuesta antes de acabar con la pregunta. El cántico puede ser el mismo, pero el espíritu con que lo canto ha de ser nuevo cada día. El fervor, el gozo, el sonido de cada palabra y el vuelo de cada nota han de ser diferentes cada vez que esa nota sale de mis labios, cada vez que esa oración sale de mi corazón.

Ese es el secreto para mantener la vida siempre nueva, y así, al pedirme que cante un canto nuevo, me estás enseñando el arte de vivir una vida nueva cada día con la lozanía temprana del amanecer en cada momento de mi existencia. Un cántico nuevo, una vida nueva, un amanecer nuevo, un aire nuevo, una energía nueva en cada paso, una esperanza nueva en cada encuentro. Todo es lo mismo y todo es distinto, porque los ojos, que miran los mismos objetos que ayer, son nuevos hoy.

El arte de saber mirar con ojos nuevos me capacita para disfrutar los bienes de la naturaleza en toda la plenitud de su pujante realidad. Los cielos y la tierra y los campos y los árboles son ahora nuevos, porque mi mirada es nueva. Se me unen para cantar todos juntos el nuevo cántico de alabanza.

«Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra».

Este es el cántico nuevo que llena mi vida y llena el mundo que me rodea, el único canto que es digno de Aquel cuya esencia es ser nuevo en cada instante con la riqueza irrepetible de su ser eterno.

«Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria».

CARLOS G. VALLÉS

SALMO 95

R/. HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: 
EL MESÍAS, EL SEÑOR

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.
R/. HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: 
EL MESÍAS, EL SEÑOR

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
R/. HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: 
EL MESÍAS, EL SEÑOR

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
R/. HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: 
EL MESÍAS, EL SEÑOR

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra.
Él juzgará el orbe con justicia,
y a los pueblos en su verdad.
R/. HOY NOS HA NACIDO UN SALVADOR: 
EL MESÍAS, EL SEÑOR

 

SEGUNDA LECTURA
Carta de San Pablo a Tito 2, 11-14

PRESENTACIÓN

Esta lectura quiere ofrecer el motivo fundamental del deber cristiano de santificar la vida cotidiana. Dentro de la sección 1, 5-3,11, en que se dan las instrucciones para organizar la comunidad, la perícopa de hoy trata de la estructura interna de la comunidad. Los cristianos deben dar testimonio de Dios con su vida a fin de que sea conocido y amado y no blasfemado.

La acción-vida del hombre es una respuesta a la acción salvífica de Dios. La "epifanía", aparición, de la gracia de Dios puesta al principio de esta lectura orienta el sentido de todas las demás afirmaciones. En la tradición bíblica las "epifanías" eran signos de la intervención de Dios. La Iglesia primitiva ha asumido este concepto para anunciar a Cristo que se manifiesta en la carne para la salvación del mundo. El texto proclama la actividad terrena de Jesús como revelación de la gracia de Dios... El hombre no se libera a sí mismo sino que debe acoger la salvación que viene de Dios.

Este texto es como la recapitulación de la fe de la Iglesia primitiva. El autor describe la acción maravillosa que Dios ha realizado en Cristo. Se anuncia el misterio de la encarnación pero se recuerda el sacrificio expiatorio y la gloria que recibe en la resurrección.

P. FRANQUESA

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO TITO 2, 11-14

Hermanos

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar, ya desde ahora, una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo.

El se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad, y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Lc 2, 10-11

Os traigo la buena noticia: nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

 

EVANGELIO
Lc 2, 1-14

PRESENTACIÓN

Lucas no pretende datar el nacimiento de Jesús, sino colocarlo al interior de la historia humana universal. El censo promulgado por Augusto, emperador de Roma, es también la ocasión providencial para que José, de la casa de David, y Maria, su esposa encinta, vayan a Belén, la ciudad de David, y allí nazca el Mesías davídico, anunciado por las Escrituras (cf. Miq 5,1).

El nacimiento ocurre en un ambiente de pobreza y de marginación (vv. 6-7). Se subraya no tanto la falta de hospitalidad, sino la extrema penuria en la que nace el Mesías, pobre entre los pobres. El niño es el “primogénito” de María, con lo cual Lucas señala que Jesús goza de los privilegios de la consagración a Dios (cf. Lc 2,22s). El relato da énfasis al amor maternal con el que es acogido: María “lo envolvió en pañales”. La frase puede evocar también la condición real del niño, si pensamos en las palabras que el libro de la Sabiduría pone en boca de Salomón: “Me crié entre pañales y cuidados, pues ningún rey comenzó de otro modo su existencia” (Sab 7,4).

En la segunda parte del relato (vv. 8-14), un ángel del Señor anuncia a unos pastores anónimos el acontecimiento. Estos hombres pobres y marginados son los primeros que reciben el anuncio. Por primera vez Lucas utiliza el verbo euangelizesthai, evangelizar, anunciar una buena noticia (y. 10). El anuncio es portador del gozo de la salvación. El énfasis en el “hoy” subraya la conclusión de la época de las promesas y la perennidad del don de Dios. El estilo del anuncio angélico es el de las proclamaciones “reales” del mundo helenístico.

Ha nacido “un Salvador, el Mesías, el Señor” (y. 11). La salvación es la misión del “Mesías-Señor”, títulos que condensan la confesión de fe cristiana (cf. Hch 2,36). A los pastores se les da un signo, que no es una intervención portentosa de Dios, sino la paradoja de un Dios que comparte con los hombres la pobreza y la indigencia (y. 12). El texto concluye con un himno de alabanza, que canta la manifestación del esplendor de la gloria divina en el acontecimiento humilde de Belén y proclama la paz en la tierra como comunión plena con Dios y entre los hombres (vv. 13-14).

SILVIO JOSÉ BAEZ         

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 1-14

En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.

Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:

—No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra, paz a los hombres que Dios ama.

Palabra de Dios